Chile comparte tecnologías socialmente apropiadas con pobladores uruguayos y salvadoreños

24-jun-2015


imageFoto: Hernán Araya, PNUD.

Pobladores de Uruguay y El Salvador, beneficiados a través de capacitaciones de la Corporación El Canelo de Nos, realizaron una pasantía en la transferencia de conocimiento para la elaboración de 4 artefactos de uso doméstico que buscan eficiencia energética, catalogados como “tecnología socialmente apropiada” en relación al medio ambiente y a la condición de pobreza.

Esta experiencia se enmarca en el proyecto Fondo Chile contra el Hambre y la Pobreza, iniciativa del Gobierno de Chile articulada por la Agencia de Cooperación Internacional de Chile (AGCI) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
 
La "tecnología socialmente apropiada" es elaborada de forma sencilla y a muy bajo costo,  con materiales simples y localizables en los mercados locales, y ofrece un mejor provecho de energías y recursos renovables. Como proyecto de cooperación internacional de Chile hacia familias vulnerables de El Salvador y Uruguay, la iniciativa colabora en mejorar la calidad de vida de las mujeres jefas de hogar, reduce la contaminación intra domiciliaria y promueve una alimentación más saludable, una dieta más equilibrada y más amplia mediante el intercambio de recetas, a la vez que incentiva la integración regional en torno a problemáticas comunes.
 
En Chile, la ONG El Canelo de Nos trabaja en la implementación de tecnologías socialmente apropiadas para generar una alimentación sustentable en las comunidades, a través de artefactos como la olla mágica, el fogón rocket, el deshidratador solar y el horno solar, los que han sido evaluados exitosamente en su desempeño en terreno con familias beneficiarias.
Mediante un método participativo se promueve, además de la eficiencia energética, la autonomía y sustentabilidad de las comunidades, disminuyendo el uso de leña y utilizando combustibles limpios, como la energía solar.
 
“Este proyecto buscó que las comunidades beneficiadas se apropiaran de la tecnología y la adecuaran a sus costumbres y estilos de vida, generando además instancias de integración intercultural a través del intercambio de recetas, de semillas y la incorporación de nuevos productos naturales”, señaló Alejandra Alarcón, Coordinadora del proyecto en PNUD. La profesional agregó que la selección de las comunidades beneficiarias de este proyecto respondió a que El Salvador cuenta con la problemática de la sobretala de árboles para la obtención de leña como combustible hogareño, mientras que Uruguay, pese a sus positivas cifras macroeconómicas, conserva brechas en comunidades urbanas y rurales, que ameritan la innovación intra domiciliaria con tecnologías limpias y más eficientes.
 
En El Salvador, el proyecto del Fondo Chile contra el Hambre y la Pobreza benefició a 180 familias de comunidades en situación de vulnerabilidad, las que recibieron capacitación para confeccionar la batería de cuatro artefactos domésticos.
 
“Con el uso de leña para la preparación de comidas, las comunidades rurales tenían un ahorro del 50% y una eficiencia del 4%, mientras que tras la incorporación de los artefactos, estas cifras se revirtieron alcanzando un ahorro del 80% y una eficiencia del 90, colaborando de paso con las problemáticas de desforestación y escasez de agua”, explica Oscar Núñez Martínez, Secretario Ejecutivo de Corporación El Canelo de Nos.
 
“Es increíble esta experiencia, ya que siendo madre de 4 hijos, hoy puedo mejorar el aire de mi vivienda y dedicar más tiempo a otras actividades, porque el tiempo de cocción disminuye de 3 a 4 horas a sólo pocos minutos. Ahora además he aprendido nuevas preparaciones a base de frijoles y también hemos deshidratado frutos y pescado que nos permiten almacenar para tiempos de sequía”, manifestó Rosa Dolores Abrego, de la Comunidad Monseñor Romero de El Salvador.
 
En el caso de Uruguay, 160 familias de zona urbana fueron beneficiadas con el proyecto y próximamente se repetirá la experiencia en poblaciones rurales. Una de las comunidades beneficiadas correspondió a un grupo de madres adolescentes, las que fabricaron ollas y fogones, y también se trabajó con comunidades con huertas orgánicas, dada la tendencia de colectivos uruguayos con conciencia medioambiental que han migrado y optado por la vida de campo en reemplazo de la citadina.
 
“Ha sido una experiencia maravillosa, ya que ayuda no sólo a mejorar y diversificar nuestra dieta, sino también a innovar su uso con plantas aromáticas y medicinales, y generar emprendimiento de jefes de hogares. Aprendimos técnicas sustentables, ahorramos tiempo y energía”, enfatizó Leticia Cabrera, pobladora de la Comunidad El Sauce Canelones de Uruguay. En el mismo sentido,  Andrés Nijamkin, de la Comunidad Sierras de Rocha, agregó “es enriquecedor trabajar todos por una meta común. En la etapa de confección de los artefactos se crearon estaciones de trabajo en cadena, por lo que nos motivamos a dar nuestro mayor esfuerzo, sabiendo que cada pieza es esencial en el producto final de beneficio propio y de otros. Nos integramos como comunidad, aprendimos e intercambiamos experiencias y conocimientos”.