¿Qué presiones ejerce la industria pesquera sobre los ecosistemas chilenos?

28-nov-2016

Las presiones generadas por la pesca ponen en riesgo la estabilidad ecológica. Foto: FreeJPG, bajo licencia Creative Commons.

Chile es el octavo productor en la industria pesquera mundial. A lo largo del litoral nacional, 94.000 personas basan sus medios de vida en la pesca artesanal. Todo ello gracias a la productividad de la Corriente de Humboldt, que no obstante haber sido reconocida como una de las 200 ecorregiones prioritarias de conservación a nivel global por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), las presiones generadas por la pesca ponen en riesgo su estabilidad ecológica y, con ello, la de toda la industria. El proyecto Finanzas para la Biodiversidad - BIOFIN, ejecutado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se ha encargado de analizar tal fenómeno.

Presiones a la biodiversidad

Según insumos desarrollados por Esteban Delgado, encargado de planificación y biodiversidad de dicho proyecto, de las 38 principales pesquerías nacionales, 8 se consideran agotadas, 8 califican en estado de sobreexplotación y 22 se encuentran en estado de plena explotación. En otras palabras: 16 pesquerías en Chile se explotan actualmente por sobre los umbrales biológicos sostenibles en el largo plazo y 22 ya están cercanas a superarlos (Subsecretaría de Pesca, 2015).

El caso de la merluza común es destacable. Desde el año 2014 este recurso se encuentra en estado de colapso debido a su sobrexplotación, y en doce años más recién podría salir de su situación crítica. Uno de los factores que incide fuertemente en ello es la pesca ilegal: de cada cuatro merluzas que se comercializan en el país, tres son de origen ilegal. De acuerdo a cifras preliminares de un estudio realizado por Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA) en conjunto con la Universidad de Concepción, se estima que en el Terminal Pesquero Metropolitano se transan cada año cerca de 5 millones de dólares en distintos tipos de productos obtenidos a través del mercado negro.

Otro aspecto preponderante es el crecimiento continuado de la industria del salmón en el país en la última década, el que ha convertido a Chile en el segundo productor mundial de esta especie. Pese a que la información disponible aún es limitada, una de las presiones negativas que esta industria ejerce sobre la biodiversidad, corresponde al uso de antimicrobianos ─florfenicol, oxitetraciclina─ en grandes volúmenes. En contraste, Noruega, principal productor mundial de salmónidos, utiliza una cantidad de antimicrobianos inferior al 0,2%, de los usados en Chile. Dentro de los impactos que ello tendría destacan el consumo derivado por parte de otras especies silvestres, el desarrollo de resistencia que podría generar su utilización en agentes patógenos, y la alteración de los procesos biofisicoquímicos de los sedimentos de las zonas de cultivos.

El carácter carnívoro de ciertas Especies Exóticas Invasoras (EEI), tales como el salmón chinook o real y la trucha arcoíris, también ejercen presión sobre el ecosistema, toda vez que se producen escapes masivos de los centros de cultivos originados por accidentes, negligencias o eventos naturales.

Aunque poco numerosas, existen prácticas que afectan positivamente la biodiversidad de los ecosistemas marinos y costeros. En el ámbito público, se encuentran dos: el incremento de las Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERB) ─zonas exclusivas para pescadores artesanales organizados para manejar y extraer los recursos marinos─ y las modificaciones incorporadas a la Ley N° 18.892 General de Pesca y Acuicultura, que explicitan la conservación y el uso sustentable de los recursos hidrobiológicos.

Respecto a iniciativas del sector privado, destaca la certificación de pesca sustentable otorgada por Marine Stewardship Council, a través de un programa que busca que los productos del mar sean trazables y fruto de prácticas sostenibles y responsables.  Los pescadores de Toralla de Chonchi, y del Archipiélago Juan Fernández ya están certificados. La pesquera Camanchaca Pesca Sur y la Asociación de Industriales y Armadores Pesqueros de la IV Región se encuentran en proceso de evaluación.

Acuerdos por cumplir

El país ha asumido compromisos internacionales para avanzar hacia la sostenibilidad.

El Quinto Informe Nacional de Biodiversidad de Chile declara que el progreso hacia la Meta 6 de Aichi referida a que las reservas de peces se gestionarán y cultivarán de manera sostenible, lícita y con enfoques basados en los ecosistemas, de manera tal que se evite la pesca excesiva, registra una tendencia a empeorar: “El análisis muestra cambios evidentes en el estado de las pesquerías de algunas especies, que han pasado desde un estado de plena explotación a un estado agotado o colapsado, producto tanto de la pesca como de un diagnóstico más certero en la actualidad, respecto de la situación de los stocks” (Ministerio del Medio Ambiente, 2014).

La Agenda 2030 adoptada por los países en septiembre de 2015, establece 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En ese contexto, el ODS 14 representa una gran oportunidad para revertir esta situación, pues demanda “conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible”. De esta manera, Chile se comprometió a “gestionar y proteger de manera sostenible los ecosistemas marinos y costeros con miras a evitar efectos nocivos importantes”; “reglamentar eficazmente la explotación pesquera y poner fin a la pesca excesiva y no reglamentada”; “conservar por lo menos el 10% de las zonas costeras y marinas” para el año 2020.

Para más información

Pilar Zapata, Periodista proyecto BIOFIN, pilar.zapata@undp.org

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