Comunidades empoderadas contra la desertificación: el éxito de cooperar por un desarrollo más sostenible

17-jun-2016

Familias construyendo hornos solares en Navidad, Región de O’Higgins. Foto: Programa conjunto PNUD-UE para combatir la desertificación.

Comunicado de prensa conjunto del Embajador de la Unión Europea en Chile, Rafael Dochao, y el Representante Residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Chile, Antonio Molpeceres.

 

Santiago, 17 junio 2016 - Muchas y muchos definen la desertificación y la degradación de tierras como “una catástrofe silenciosa”. Opera poco a poco, sin la grandilocuencia de un terremoto, un tsunami o un aluvión, pero sus consecuencias medioambientales, sociales y económicas se amplifican progresivamente. En Chile, el 79% del territorio está afectado en algún grado por la degradación de tierras y 12 millones de personas pueden sufrir potencialmente sus consecuencias [1], siendo las comunidades rurales quienes más ven amenazadas sus oportunidades y aspiraciones. La pérdida de la productividad de las tierras, el deterioro de la biodiversidad, la erosión del terreno y la escasez hídrica caracterizan a tal “catástrofe”, cuyas causas, si bien pueden verse reforzadas por el componente humano, encuentran en el cambio climático a su mayor protagonista.

¿Un combate inabordable?

En el Día Mundial de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía, como representantes de la Unión Europea (UE) y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), estamos satisfechos de afirmar que, en ese combate, ha sido posible hacer un aporte en el terreno ante la desertificación.

Desde 2007, fecha en que el PNUD y la UE nos vinculamos para subscribir un marco articulado de cooperación, el Programa conjunto PNUD-UE para Combatir la Desertificación, ambas instituciones hemos contribuido a que muchas familias que habitan en el ámbito rural del país hayan desafiado a tal fenómeno mediante la mitigación de sus efectos y la adaptación a los mismos. Decimos “contribuido a” y no “logrado” porque el mayor protagonismo del éxito corresponde a quienes diseñaron e implementaron los 88 proyectos que, entre la Región de Coquimbo y la de Los Lagos, han sido desarrollados en los últimos ocho años en el marco del Programa: las personas y sus comunidades.

Pero, ¿qué ha significado lo conseguido? 88 comunidades rurales, mayoritariamente dedicadas a la agricultura y a la ganadería, han logrado fortalecer su resiliencia ante la desertificación y los efectos que el cambio climático impone, así como mitigar el impacto de sus acciones sobre el medio en el que habitan. Las familias han mejorado su disponibilidad hídrica mediante la implementación de sistemas que aprovechan el agua de la lluvia o reciclan la que se usa a nivel doméstico; han adoptado prácticas energéticas más sostenibles y limpias, cocinando mediante la energía solar o usando menos leña; y han revertido el retroceso del bosque nativo y la presión que ejercían sobre el medio que habitan. Y todo ello desde un enfoque desarrollado con las comunidades y para ellas mismas, fortaleciendo sus capacidades, contribuyendo al intercambio de experiencias entre muchas de ellas, reforzando los vínculos asociativos y potenciando la igualdad de género.

La visita que, como representantes de nuestras organizaciones, hicimos a Alhué (Región Metropolitana), comuna donde se implementaron cuatro de los proyectos, nos permitió escuchar y ver que el empoderamiento comunitario es clave para que el abordaje de la desertificación, la degradación de la tierra y la sequía no sólo aporte en lo medioambiental, sino que también amplíe las oportunidades productivas y vitales de las propias comunidades, mejore las perspectivas de sus integrantes y afiance su calidad de vida. Si tenemos que rescatar una lección de todo este proceso es que la generación de confianza hacia las comunidades y dentro de ellas mismas es esencial para que el combate ante la desertificación se dé con éxito.

Además, mediante el Programa nos planteamos hacer un aporte a la política pública del país, generando, en estrecha colaboración con las Municipalidades donde apoyamos, una serie de instrumentos que quedarán al servicio tanto de los municipios como de los Gobiernos Regionales y el propio Estado: se pudieron calcular los costos que suponen para Chile la inacción ante la desertificación y diseñar planes provinciales y comunales para abordar el fenómeno a dichas escalas.

El camino, sin embargo, no acaba aquí. El cambio climático es un desafío que tanto nosotros como nuestros hijos, nietos y bisnietos deberemos continuar abordando, y ello implica la necesidad de seguir perseverando: nuestra victoria solo será completa si aprovechamos lo exitoso de las experiencias acumuladas. Hoy más que nunca, en el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación 2016 cuyo lema es “Cooperación inclusiva para lograr neutralizar la degradación de la tierra”, nos enorgullece constatar que el Programa conjunto PNUD-UE para Combatir la Desertificación ha contribuido a establecer un modelo de acción articulado y virtuoso para aportar, desde la acción a escala comunitaria, al desarrollo sostenible de Chile, de sus comunidades y de sus integrantes. Nos enorgullecerá aún más si puede inspirar acciones y soluciones que repliquen lo conseguido y garanticen el bienestar de las generaciones que vendrán.

 

[1] CONAF, 2016, datos del Programa de acción nacional de lucha contra la Desertificación, la degradación de las tierras y la sequía, 2016-2030

Para más información

Sergio García i Rodríguez – Área de Medio Ambiente y Energía, PNUD Chile - sergio.garcia@undp.org

 

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