Estudio del PNUD revela seis nudos de reproducción y cambio de la desigualdad en Chile

14-jun-2017

·      La estructura productiva, el sistema educativo, el rol del Estado, la concentración de la riqueza y el ingreso, la representación política y los patrones culturales que justifican o critican la desigualdad existente, son seis nudos que determinarían la reproducción y transformación de la desigualdad socioeconómica en Chile.

·      El documento confirma, además, que la desigualdad de ingresos medida por la encuesta CASEN ha disminuido en los últimos 15 años, lo que sumado a la reducción sostenida de la pobreza y la ampliación de la matrícula de educación superior constituyen noticias auspiciosas. Sin embargo, la desigualdad sigue siendo alta, combinando una gran cantidad de empleos de muy bajos salarios con una alta concentración económica.

·      El estudio señala, a partir de cuantiosa evidencia empírica, que las desigualdades que más molestan a los chilenos y chilenas son aquellas que afrentan la dignidad y los proyectos personales: desigualdades en salud y educación, así como el trato entre las personas; en estos ámbitos la desigualdad es cada vez menos tolerada por los chilenos y las chilenas.

 

DESIGUALES. Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile es el título del libro que este miércoles 14 de junio lanzará, en la Biblioteca Nacional, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Fruto de dos años de investigación, el texto ofrece una base sólida a partir de la cual discutir e imaginar un país con mayores grados de igualdad. El libro se funda en el convencimiento que la desigualdad socioeconómica es un problema social que seguirá siendo parte de las discusiones respecto del desarrollo del país en los años por venir, pues sus mecanismos de reproducción tienen raíces profundas en la historia de Chile.

El libro reconoce que en Chile se han visto avances en numerosos ámbitos durante las últimas décadas. La reducción de la pobreza, el mayor acceso a la educación superior y la consolidación democrática han permitido a la sociedad chilena mirarse con otros ojos: el creciente bienestar material es explicado por las personas a partir de historias de esfuerzo personal que habrían permitido dejar atrás un Chile más precario.

La contracara de esta mirada es la percepción de inseguridad, la incapacidad de asegurar lo conseguido. Las bajas pensiones, el futuro laboral incierto pese a los títulos obtenidos, la posibilidad siempre presente del desempleo, los tratamientos médicos que no se pueden costear, configuran amenazas que el mérito personal no alcanza a sortear, y que empuja demandas por mayor seguridad. La percepción de injusticia asociada al hecho de que quienes puedan pagar más tengan acceso a mejores servicios sociales ha aumentado considerablemente durante los últimos 15 años: de 52% a 64% en el caso de la educación, y de 52% a 68% en el caso de la salud.

Consistentemente, los datos muestran que las desigualdades que más molestan a los chilenos son aquellas asociadas al acceso a salud y educación, y al trato que reciben las personas. Respecto a esto último, un 41% de la población encuestada reportó haber sufrido una o más formas de malos tratos en el último año. Estas personas atribuyen estas situaciones a dos razones principales: clasismo y machismo.

Frente a este escenario, el PNUD propone concentrar el debate respecto de la desigualdad en el país en seis “nudos” que explican su reproducción y donde es posible imaginar cambios.

Primero, una estructura productiva que genera circuitos diferenciados de productividad: un conjunto reducido de grandes empresas que ofrecen buenas remuneraciones y estabilidad laboral, y un gran número de pequeñas y medianas empresas de menor productividad que no logran asegurar ni estabilidad ni calidad del empleo.

Segundo, un sistema educativo que, si bien ha logrado integrar a una gran cantidad de jóvenes a la educación terciaria, por su estructura segmentada no logra generar suficiente igualdad de oportunidades que garantice la movilidad social intergeneracional.

Tercero, un Estado que ha mostrado avances en la implementación de políticas sociales pero sigue teniendo como desafío la provisión de mayores seguridades para los ciudadanos, especialmente en materia de garantías universales, transferencias y pensiones.

Cuarto, una alta concentración de la riqueza y el ingreso en un número reducido de grupos económicos. Este patrón de concentración genera reparticiones de los excedentes y patrones de inversión que reproducen la concentración y dificultan reducir la desigualdad.

Quinto, una alta elitización en la representación política: más del 70% de los ministros, casi 60% de los senadores y más del 40% de los diputados del período 1990-2016 asistió a colegios de elite, carreras y universidades de elite, o ambas. Esto provoca una distancia sentida por parte de la población respecto de sus representantes y líderes políticos, y alimenta la crítica al carácter privilegiado de las autoridades públicas.

Sexto, patrones culturales que justifican o critican la desigualdad existente. El volumen muestra cómo conviven valores meritocráticos a partir de los cuales se estigmatiza a la población más vulnerable – “aquellos que no se esfuerzan”, y a su vez se critica el abuso de contactos y privilegios de las clases más altas. El alto valor del mérito y la importancia de las credenciales educativas en el progreso individual se contrastan con la relativa menor importancia de un principio de solidaridad en el discurso público.

La Representante Residente del PNUD en Chile, Silvia Rucks, señala que la relevancia del libro “hay que entenderla dentro de los 17 objetivos de Desarrollo Sostenible, los cuales el Estado de Chile se ha comprometido en trabajar en el marco de la Agenda 2030, donde la reducción de la desigualdad y la pobreza son elementos centrales de un desarrollo sostenible e inclusivo. Para lograrlo, el país debe abrir preguntas y discusiones difíciles pero indispensables, que tienen que ser abordadas por el conjunto de la sociedad. Este libro busca ser un aporte en este debate”.

Matías Cociña, uno de los investigadores principales del libro, comenta que “este material busca ser una base empírica a partir de la cual discutir sobre cómo disminuir la desigualdad en Chile. No se proponen en este sentido ni recetas mágicas ni soluciones fáciles, sino que se ofrecen elementos para entender cómo se crea, cómo se reproduce y qué consecuencias tiene la desigualdad socioeconómica en Chile, para desde ahí abrir una discusión mucho más desafiante: qué hacer al respecto. En este sentido, el libro va más allá de la contingencia actual, analiza la trayectoria del país desde sus orígenes para pensar el futuro que se nos viene”

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