El Secretario General de las Naciones Unidas en la edición 74 de la Asamblea General. Imagen: UN Photo.

 

Nueva York, 24 de septiembre de 2019

 

Señor Presidente,

Distinguidos Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno,

Excelencias,

Colegas y amigos:

 

 

La Carta de las Naciones Unidas nos envía un mensaje claro a todos nosotros: poner a las personas primero.

Las primeras palabras de la Carta –”nosotros los pueblos”– nos emplazan a situar a las personas en el centro de nuestra labor.

Todos los días. En todas partes.

A las personas con sus temores y aspiraciones.

A las personas con sus desengaños y esperanzas.

Por encima de todo, a las personas con sus derechos.

Esos derechos no son un favor que pueda otorgarse o negarse.

Son consustanciales al sencillo hecho de ser humanos.

A lo largo de la primera mitad de mi mandato, he tenido la suerte de conocer a personas de todo el mundo, no en lujosas salas de reunión, sino ahí donde viven y trabajan y sueñan esas personas.

Y he escuchado.

He escuchado a familias del Pacífico Sur que temen que su vida quede barrida por el aumento del nivel del mar...

A jóvenes refugiados de Oriente Medio que anhelan regresar a la escuela y el hogar...

A supervivientes del ébola en Kivu del Norte que luchan por reconstruir su vida ...

A mujeres que exigen igualdad y oportunidades ...

A personas de todas las creencias y tradiciones que sufren sencillamente por ser quienes son.

Y a tantas otras personas más.

Vivimos en un mundo lleno de desasosiego.

Muchas personas temen ser pisoteadas, frustradas, excluidas y dejadas atrás.

Las máquinas les quitan el empleo. Los tratantes les quitan la dignidad. Los demagogos les quitan los derechos. Los caudillos les quitan la vida. Los combustibles fósiles les quitan el futuro.

Pese a todo, las personas todavía creen en el espíritu y las ideas que nos han traído a este Salón.

Creen en las Naciones Unidas.

Sin embargo, ¿será que creen en nosotros?

¿Creen que los dirigentes ponen a las personas primero?

Nosotros los dirigentes debemos cumplir para nosotros los pueblos.

 

Excelencias,

Las personas tienen derecho a vivir en paz.

Hace un año, en esta sala, hablé de vientos de esperanza a pesar del caos y la confusión que reinaban nuestro mundo.

Desde entonces, algunas de esas corrientes han seguido avanzando en direcciones prometedoras.

Contra las expectativas de muchos, las elecciones se desarrollaron pacíficamente en Madagascar, Maldivas y la República Democrática del Congo, por citar solo algunos lugares.

Grecia y la República de Macedonia del Norte resolvieron su controversia sobre nombres que se había prolongado durante decenios.

El diálogo político en el Sudán y el proceso de paz en la República Centroafricana han traído nuevas esperanzas. 

Y acaba de darse un paso adelante muy esperado en el camino político para salir de la tragedia en Siria, en consonancia con la resolución 2254 del Consejo de Seguridad.

Tengo el placer de confirmar hoy que se ha alcanzado un acuerdo con todas las partes interesadas para establecer un Comité Constitucional digno de crédito, equilibrado, inclusivo y dirigido y protagonizado por los sirios.

Mi Enviado Especial acaba de partir de Damasco tras haber resuelto los últimos detalles con el Gobierno y la oposición. Las Naciones Unidas esperan con interés la reunión del Comité que tendrá lugar en Ginebra en las próximas semanas.

 

Excelencias,

Sin embargo, en el panorama mundial, vemos cómo persisten los conflictos, se propaga el terrorismo y aumenta el riesgo de una nueva carrera de armamentos.

Las injerencias externas, muchas veces contraviniendo las resoluciones del Consejo de Seguridad, hacen más difíciles los procesos de paz.

Muchas situaciones siguen sin resolverse, del Yemen al Afganistán, pasando por Libia y otros lugares.

Una sucesión de medidas unilaterales amenaza con sabotear una solución biestatal entre Israel y Palestina.

En Venezuela, cuatro millones de personas han huido del país en el que constituye uno de los mayores desplazamientos de población del mundo.

Las tensiones son elevadas en Asia Meridional, donde las diferencias deben resolverse mediante el diálogo.

Nos enfrentamos a la alarmante posibilidad de un conflicto armado en la región del Golfo, cuyas consecuencias el mundo no puede permitirse. El reciente atentado contra las instalaciones petroleras de la Arabia Saudita es totalmente inaceptable.

En un contexto en el que un pequeño error de cálculo puede provocar un importante enfrentamiento, debemos hacer todo lo posible por intentar que prevalezcan la razón y la moderación.

Tengo la esperanza de un futuro en que todos los países de la región puedan vivir en el respeto mutuo y la cooperación, sin injerencias en los asuntos de otros, y espero igualmente que todavía sea posible preservar los progresos en materia de no proliferación de las armas nucleares que representa el Plan de Acción Integral Conjunto.

 

Excelencias,

Desde el primer día he hecho hincapié en la prevención de las crisis, la mediación y el aumento de la diplomacia para la paz.

Pensemos en las vidas que podemos salvar si intensificamos nuestras inversiones para sostener la paz en todo el mundo.

En algunos de los rincones más problemáticos del mundo, unos 100.000 soldados de las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas protegen a los civiles y promueven la paz.

Por medio de la iniciativa Acción para el Mantenimiento de la Paz, estamos fortaleciendo nuestra eficacia y eficiencia y renovando las alianzas con los países que aportan contingentes y fuerzas de policía, los países receptores y las organizaciones regionales, como la Unión Africana y la Unión Europea.

También estoy orgulloso de nuestro personal humanitario, que alivia el sufrimiento en todo el mundo. La mitad de la asistencia de socorro internacional se canaliza a través de las Naciones Unidas, que hacen lo necesario para que millones de personas reciban protección, alimentos, medicinas, vivienda, agua y otros tipos de asistencia vital.

Solo en el presente año, en ataques brutales y otras circunstancias, hemos perdido en nuestras misiones y organismos humanitarios a [43 miembros del personal de mantenimiento de la paz, 4 agentes de policía y 25 miembros del personal civil], quienes dieron la vida tratando de mejorar la vida de los demás. Rindo homenaje a su servicio y su sacrificio.

 

Excelencias,

Hemos reforzado nuestra estructura de lucha contra el terrorismo y definido nuevas estrategias para combatir el extremismo violento y hacer frente a sus causas fundamentales, respetando al mismo tiempo los derechos humanos.

He presentado un nuevo programa de desarme para promover la paz mundial.

 

A corto plazo, debe ampliarse el acuerdo “New Start”; debemos ocuparnos de hacer frente a la intensificación de la amenaza que plantean los misiles balísticos y lograr que el examen de 2020 del Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares sea fructífero.

La situación en la península de Corea sigue siendo incierta. Doy mi pleno apoyo a las gestiones para la celebración de una nueva cumbre entre el Presidente de los Estados Unidos y el dirigente de la República Popular Democrática de Corea.

En este momento de transición y de disfunción en las relaciones de poder en el plano mundial, se vislumbra en el horizonte un nuevo riesgo que tal vez no sea grande todavía, pero que es real.

Temo que ocurra una gran fractura: que el mundo se divida en dos, de manera que las dos mayores economías creen dos mundos separados y rivales, cada uno con su moneda dominante, su comercio y su reglamentación financiera propios, sus propias capacidades en materia de Internet e inteligencia artificial y sus propias estrategias geopolíticas y militares de suma cero.

Debemos hacer todo lo posible por evitar la gran fractura y mantener un sistema universal: una economía universal con respeto universal por el derecho internacional; un mundo multipolar con sólidas instituciones multilaterales.

 

Excelencias,

Las personas tienen derecho a la seguridad en todas sus dimensiones.

Toda medida de defensa de los derechos humanos ayuda a lograr el desarrollo sostenible y la paz.

En el siglo XXI debemos concebir los derechos humanos con una visión que conecte con cada ser humano y abarque todos los derechos.

Económicos. Sociales. Culturales. Políticos. Civiles.

Sería un error pasar por alto o menospreciar los derechos económicos, sociales y culturales.

Pero sería igualmente erróneo pensar que esos derechos son suficientes para colmar las aspiraciones de libertad de las personas.

Los derechos humanos son universales e indivisibles. No se puede andar eligiendo, privilegiando unos y desdeñando otros.

Las personas tienen derecho al bienestar y a un nivel de vida digno.

Con salud, vivienda y alimentación.

Protección social y un medio ambiente sostenible.

Educación —no solo para aprender cosas, sino también para aprender a aprender—.

Y empleo decente, en especial para los jóvenes.

Estos derechos son omnipresentes en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Y constituyen uno de nuestros mejores instrumentos para prevenir los conflictos.

Sin embargo, todavía no estamos bien encaminados.

Crece la desigualdad de forma desorbitada.

Nuestra economía mundial genera grandes corrientes de ingreso, pero quien capta esta prosperidad es un número reducido de élites.

Es una triste realidad de nuestro mundo de hoy que las posibilidades de llevar una vida libre de miseria y con plena dignidad humana todavía dependan más de las circunstancias en que haya nacido la persona que de sus capacidades innatas.

La Cumbre sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible que hoy se celebra y el diálogo sobre financiación del jueves son oportunidades para aumentar la ambición, entre otros medios utilizando la promesa de la tecnología y la innovación, como recomendó el Panel de Alto Nivel sobre la Cooperación Digital.

 

Excelencias,

Como se destacó en la Cumbre sobre la Acción Climática celebrada ayer, estamos perdiendo la carrera de la emergencia climática; no obstante, si cambiamos ahora nuestro estilo de vida, aún seremos capaces de ganarla.

Es preciso que adaptemos hasta nuestra forma de expresarnos: lo que antes llamábamos “cambio climático” se ha convertido en una verdadera “crisis climática”, y lo que antes denominábamos “calentamiento global” ha pasado a ser más propiamente un “sobrecalentamiento global”.

Estamos presenciando temperaturas sin precedentes, tormentas implacables e innegables evidencias sustentadas por la ciencia. 

Hace diez días comprobé en las Bahamas la destrucción causada por el huracán Dorian.

Esos efectos no son más que un preludio de lo que nos espera, según los expertos científicos.

Pero hay algo más que está en camino: las soluciones.

El mundo está poniéndose en marcha, no lo bastante rápido, pero sí en la dirección correcta, hacia la sustitución de los combustibles fósiles y hacia las posibilidades que ofrece la economía verde.

En la Cumbre sobre el Clima se subrayaron algunas de las soluciones que deben promoverse a fin de reducir drásticamente las emisiones, limitar el aumento de la temperatura a 1,5 ºC y alcanzar la neutralidad en carbono para 2050.   

Debemos aprovechar ese impulso.

 

Excelencias,

Las personas tienen derecho a gozar de las libertades fundamentales que todos los países han prometido defender.

Sin embargo, hoy nos encontramos en una encrucijada fundamental, en la que se están restringiendo, revirtiendo y tergiversando los avances logrados a lo largo de décadas, que hasta llegan a suscitar desconfianza.

Somos testigos de una impunidad generalizada, incluso por violaciones del derecho internacional humanitario.

Están surgiendo nuevas formas de autoritarismo.

Se está reduciendo el espacio cívico. 

Los activistas ambientales, los defensores de los derechos humanos y los periodistas, entre otros, están en el punto de mira.

Los sistemas de vigilancia, día a día, clic tras clic, de una cámara a otra, aumentan su alcance, invadiendo nuestra intimidad y nuestra vida privada.

Estas vulneraciones van más allá de la quiebra de las normas que regulan el comportamiento de los Estados y de la economía. 

También actúan a un nivel más profundo, poniendo en cuestión la propia humanidad que compartimos. 

En unos momentos en que las cifras de refugiados y desplazados internos alcanzan niveles sin precedentes, nuestra solidaridad brilla por su ausencia. 

Vemos cerrarse, no solo las fronteras, sino también los corazones; las familias de refugiados son desgarradas y se les deniega el derecho de asilo.

Debemos restablecer la integridad del régimen internacional de protección de los refugiados y cumplir la promesa de reparto de la responsabilidad establecida en el Pacto Mundial sobre los Refugiados.

También debemos aprovechar la aprobación histórica del primer Pacto Mundial sobre la Migración, el pasado mes de diciembre. 

Esto supone reforzar la cooperación internacional para lograr una migración segura, ordenada y regular, y enfrentarse a los tratantes y criminales que se enriquecen a costa de los más vulnerables.

Han de respetarse los derechos humanos de todos los migrantes.

 

Excelencias,

La alienación y la desconfianza se están usando en todo el mundo con fines políticos. 

El miedo es la marca que más vende. 

Esa es la razón que me ha llevado a presentar dos iniciativas.

La primera, una estrategia a nivel de todo el sistema de las Naciones Unidas para luchar contra el discurso de odio.

La segunda, un plan de acción para apoyar los esfuerzos por salvaguardar los lugares religiosos y defender el derecho a la libertad religiosa.

Las minorías religiosas, étnicas y de otro tipo deben disfrutar plenamente de sus derechos humanos.

Esto exige reforzar considerablemente la cohesión social para que las diversas comunidades sientan que sus identidades son respetadas y que participan en el conjunto de la sociedad.

A quienes insisten en la opresión o la división, yo les digo: la diversidad es una riqueza, nunca una amenaza.

Es inaceptable que, en el siglo XXI, haya hombres y mujeres que son perseguidos por su identidad, sus creencias o su orientación sexual.

También debemos garantizar los derechos de las personas vulnerables y marginadas.   

Este año presenté la primera Estrategia de las Naciones Unidas para la Inclusión de la Discapacidad.

Por supuesto, la forma de discriminación más generalizada en el mundo es una discriminación que afecta a la mitad de la humanidad: las mujeres y las niñas.

No debemos olvidar que la igualdad de género es una cuestión de poder.

Y el poder, sin lugar a duda, sigue en manos de los hombres, como resulta evidente en los parlamentos y consejos de administración, e incluso, esta semana, en los salones, pasillos y salas de reuniones de las Naciones Unidas.

Ese equilibrio cambiará cuando realmente consideremos que los derechos y la representación de las mujeres son nuestro objetivo común. 

Por ello, me he esforzado por garantizar la paridad entre los géneros en las Naciones Unidas, junto con el equilibrio regional. Hoy hemos alcanzado la paridad en mi Grupo Superior de Gestión y entre quienes dirigen la labor de las Naciones Unidas a nivel de los países. 

 

Excelencias,

No pararé en mi empeño hasta que hayamos alcanzado la paridad de género a todos los niveles de las Naciones Unidas, y la plena igualdad para las mujeres y las niñas en todo el mundo.

Eso implica seguir oponiendo resistencia a los que resisten a los derechos de las mujeres.

Implica también denunciar un inquietante aspecto común a los atentados terroristas, las ideologías extremistas y los crímenes brutales: la violenta misoginia de los perpetradores. 

E implica además intensificar nuestros esfuerzos para ampliar las oportunidades. 

Según las tendencias actuales, se necesitarán dos siglos para cerrar la brecha en materia de empoderamiento económico. 

No podemos aceptar un mundo que dice a mis nietas que la igualdad debe esperar a las nietas de sus nietas.

 

Excelencias,

A medida que proseguimos toda esta labor vital, he iniciado reformas ambiciosas para que las Naciones Unidas sean más eficaces. Cuento con ustedes para que nuestra Organización llegue a tener una situación financiera saneada.

En un mundo cada vez más dividido, necesitamos contar con unas Naciones Unidas fuertes. 

El próximo año celebraremos el 75º aniversario de las Naciones Unidas, una ocasión crítica para renovar nuestro proyecto común.

Los problemas a los que nos enfrentamos son reales.

Pero también es real nuestra esperanza.

Nos esforzamos por servir a la gente y, en ese mismo proceso, la gente nos sirve de inspiración.

En los últimos dos años y medio, he mantenido encuentros con jóvenes africanas que estaban aprendiendo a programar ...

Con profesores que enseñaban a grupos de jóvenes nuevas habilidades para el futuro ...

Y con empresarios de muchos sectores que, gracias a una innovación tras otra, están encaminando al mundo hacia la economía verde.

Ellos, junto con muchos otros, están ayudando a crear el futuro que queremos.

Sus aspiraciones y sus derechos humanos deben ser siempre nuestra piedra angular.

Estamos aquí para servir.

Estamos aquí para promover el bien común y defender al mismo tiempo nuestra humanidad y nuestros valores compartidos.

Esta es la visión que unió a los fundadores de nuestra Organización.

Hoy, en un momento de división, conectamos de nuevo con ese espíritu.

Juntos, restablezcamos la confianza, devolvamos la esperanza y avancemos de la mano hacia el futuro.

Gracias.

 

António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.-

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